Sobre mi

Parece que la gente tiene pánico al cambio de dígito. Hacerse mayor una vez pasados los 21 ya no tiene mucho sentido. Los 16 tienen su gracia, porque empiezas a ser libre. En casa te dan más libertad (depende de los padres) y puedes acceder a más locales. ¡Wow! por fin puedes entrar en las discotecas de menores, esas sin alcohol que no molan un carajo, pero que con 16 parecen el paraíso.

Luego vienen los 17, que en mi caso fueron un tanto traumáticos. Y es que, ¿Para qué sirven los 17? Es una edad absurda, no eres ni niño ni adulto. Y claro, entre las hormonas y que no te hacen ni caso, te revelas y acabas siendo un bicho raro adolescente.

A los 365 días llegan los 18. Estos sí que parecían importantes. “Vas a poder votar”. Votar… ¿A quién? ¿Encima un domingo? Sinceramente, parece un castigo más que una gran noticia. Y esto no es lo único que espera en los maravillosos 18. ¿Que dices que toca ir a la uni? ¡¿Y qué carajo estudio yo?! Está bien, esto es casi más difícil que elegir a quién votas. ¡Te juegas tu futuro! madre mía… Resumiendo, los 18 son más traumáticos de lo que soñabas, ¡ser adulto no mola nada, todo es elegir y elegir! Pasan unos años en los que cumples y cumples, pero ya no sabes por qué es divertido seguir cumpliendo. Y para recordártelo, ahí está tu padre: “Hija, la alternativa a cumplir años no es buena…” ja ja ja. ¡Por supuesto que no! ¡La alternativa no! ¡Quiero cumplir!

Y así, llegaron los 30. ¿Qué pasó con los veintiy? Treinta, Tre-in-ta. La noche antes a mi cumpleaños estaba totalmente excitada. ¡Qué ilusión cambiar! Por fin venía una nueva etapa y tal vez esta sería mejor. ¿Me levantaría con más arrugas? ¿Tendría alguna cana por la mañana? Pues no, nada de nada. No entiendo las mujeres a las que les deprime la barrera de los treinta. De verdad, ¡Se está mejor que nunca!

Seamos sinceros y hagamos un análisis retrospectivo. Qué tenía mi madre y qué tengo yo a los 30. Mi madre tenía: marido, dos hijas, casa, carrera, trabajo, un perro, un coche… Yo tengo… Creo que mejor digo lo que no tengo: no tengo marido, no tengo hijos, no tengo casa, no tengo trabajo… Pero bueno ¡Tengo un coche y un gato! Pero no nos alarmemos ante este análisis. ¡Si es genial! Los 30 son los nuevos 20. Gracias en parte a la crisis, nos vemos a un paso de las primeras canas y de vuelta a la universidad, de vuelta a casa de nuestros padres… Somos la generación “de vuelta”. Y esto es perfecto. Eres libre, pero sin dinero, aunque tampoco hay demasiados gastos viendo en casa de papá y mamá naranjitos. Así que… ¡Fiesta!

No nos desmoralicemos. Ser treintañero mola mucho hoy día. El mundo es nuestro. Aun tenemos el poder de camuflarnos entre los yogures y de atraer a los cuarentones. ¡Si son todo ventajas!

En resumen. Los treinta de hoy está claro que no son los 30 de nuestros padres. No tenemos sus responsabilidades, pero sí la madurez que tenían en ese momento. Así que no os agobies compas de década, vivamos los 30 como se merecen. Como una nueva oportunidad en la que cumplir aquellos sueños que no pudiste cuando aun volabas bajo el ala de tus padres y que no podrás cumplir cuando las responsabilidades te aten. firma_cactus

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