Las decisiones que no tomamos

Llega un momento en la vida en el que sin saber muy bien por qué sabes que lo tienes todo, pero sientes que no tienes nada. Te encuentras perdido en un mar de dudas. No acabas de encajar en tu vida. Es como si estuvieses hecha de una medida que no te queda. Tal vez se equivocaron al asignarte la talla. Pero vivimos amarrados en una zona de confort que da miedo dejar de lado.

Buscas, buscas, buscas… y finalmente encuentras. Y es en ese preciso momento en el que todo parece que va a comenzar a a tomar la dirección que tanto tiempo llevas deseando tomar. Y en ese preciso instante es cuando el pánico te inunda. Las dudas rebotan en tu cabeza. Las ilusiones se tornan angustias. Los sueños pequeños demonios.

No hay sensación más confusa que llevar años esperando un gran cambio de vida y, por fin, situarse ante el precipicio que supone para tu vida tenerlo al alcance de tu mano. Los astros parecen haberse alineado, pero ¿no te quemará un sol tan candente?

Sal de tu zona de confort

Una nueva oportunidad, una nueva vida. Un lugar al que llevas años deseando ir. Al que llevas años luchando por ir. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema?

Recuerdo, como un eco lejano dentro de mi cabeza, una día de clase en la universidad en la que un profesor dijo que “vivir dentro de la zona de confort de cada uno es fácil, no implica pensar ni arriesgarse en exceso. Pero si quieres crecer, si quieres triunfar, si quieres alcanzar tus sueños, has de salir de tu zona de confort. Nadie cambia nada sin cambiar su rumbo, sin arriesgarse”.

Sé que es cierto, que todos esos dichos populares que tan fácilmente salen de nuestra boca como “quien no arriesga, no gana”, “quien algo quiere, algo le cuesta”… son ciertos, y tal vez no sean sino un resumen de lo que aquel profesor de periodismo nos dijo aquel día en el aula.

No sé por qué me caló tan hondo aquella clase. Tal vez porque nunca me ha encajado mi vida, mi ciudad. Puede que sea porque siempre he sabido que al final, si quería cambiar de traje, iba a tener que ponerme al borde del precipicio, mirar hacia abajo, temblar, amarrar la cuerda y saltar.

Pero… ¿qué se queda atrás y que llevas contigo? Es tan pequeña la mochila y tan pesada la carga que quieres transportar… Qué hacer. Qué no hacer. Arriesgar, rendirse. Luchar, olvidarse…

Definitivamente solo vivimos una vez. Y si algo he aprendido en esta vida que no acaba de quedarme perfecta, es que es mejor arrepentirse por hacer algo, que pasarte el resto de tu vida lamentándote por no haberlo hecho. ¿Me atreveré? ¿Te atreverás tu?

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