Unas Navidades accidentadas

El duende de la Navidad existe. Es un hombrecito malvado que vive bajo el árbol, dentro de una bola, y que ataca a quienes no poseen espíritu navideño.
Llegar a Reyes se está convirtiendo en todo un reto para la pequeña culoinquieto Piel de cactus.
Nochebuena comenzó ya con mala pinta cuando al despertar descubrió un bultito que picaba en la parte superior del labio. El retorno del herpes, la calentura maldita, el terror de las barras de labio…
Parecía que todo iba a quedar ahí, en unos labios a lo Carmen de Mairena, pero no. El duende aún no había empezado a hacer de las suyas.
Tras un par de meses sufriendo molestias en los oídos, y unas semanas escuchando el eco de sus propias palabras y los sonoros latidos de su corazón congelado, Piel de Cactus decidió que era hora de visitar al médico.
Hola doctor, me molesta el oído izquierdo – dijo nuestra amiga verdinaranja.
El colegiado acercó su aparatejo a la oreja de la paciente y soltó una burlona risita.
No me extraña, tienes una bola de piercing pegada al tímpano.
¿Una bola de qué? ¿Pero eso cuánto tiempo lleva ahí? Recordemos que hablamos de Nochebuena y no de los Inocentes…
Una bola de acero, perdida una noche hace unos dos meses, va y aparece ¿en el oído?
Salte usted a la pata coja sobre ese lado – aconseja el médico – a ver si conseguimos que salga.
Pero no, no salía.
Va a tener que bajar a urgencias.
Aham. El duende de la Navidad acompañó a Piel de Cactus a urgencias, donde una enfermera tuvo que aguantar el ataque de risa al decirle el motivo de la visita. Media hora después llaman por megafonía.

/home/wpcom/public_html/l-content/blogs.dir/e31/78778313/files/2015/01/img_2102.jpgUn nuevo médico, que también se ríe y comienza a animar a que pasen a la consulta a todos aquellos doctores que tenían a bien pasar por el pasillo.
Imaginaos la escena. Cactuswoman vestida de gala con motivo de aparentar creer en la Navidad, cara inclinada, aparatejo extraño en la oreja, y una fila de médicos curiosos que se reían. “Pasen y vean, que aquí hay cachondeo para todos“.
No pudiendo sacar la bola con los métodos ortodoxos que se les ocurrían, uno de los batablancas tuvo una idea: “¿por qué no se la aspiramos?”. ¿Perdón? ¿Aspirar el oído? Sí señores. Buscaron un tubo lo suficientemente estrecho como para caber por la oreja y a ello que se pusieron. Seguro que todos habéis usado alguna vez un aspirador. ¿Habéis probado a tapar la entrada con la mano? Divertido, ¿verdad? Imaginad esa sensación en el oído. Un ruido intenso, y una sensación de que los sesos iban a salirse por la oreja, pero nada. El duende se debía haber metido en la oreja y pegado la dichosa bolita, porque eso no salía.
Dos días después y tras la visita a un nuevo doctor, el otorrino, finaliza la segunda judiada del Duende navideño.
¡Pero aún hay más! Nochevieja no iba a acabar como si nada. Algo especial tenía que pasar para festejar tan señalada ocasión.
Piel de cactus es una mujer ocupada, estudia y trabaja cuando y de lo que puede, y Nochevieja es una gran ocasión para ganar un dinero extra. Consiguió trabajar en un bar, con unos compañeros excepcionales y un ambiente casi inmejorable. La noche transcurrió normal. Alguna subida de tono que otra por parte de algún individuo con un par de copas de más, pero nada reseñable. Nada hasta que el local dio la noche por finalizada. Tocaba recoger.
Cajas de coca-cola en mano, Cactuswoman, cansada tras horas de trabajo, se dirigió a las escaleras hacia el almacén. “Sabes que patinan, cuidaaaaaa” ¡Booom! El Duende… ¡Puto Duende! ¡Está decidido a que nuestra protagonista crea en las Navidades a base de golpes!
Cristales, ruido, cajas volando, gente corriendo, y Piel de cactus, en el suelo, con las media rotas, recogiendo los cascos de las botellas que habían quedado intactos. “¿Estás bien?”, preguntó uno de los compañeros. “Siiii, clarooo! Soy chica del norte“, respondió cactus.

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/e31/78778313/files/2015/01/img_2089.jpg ¿Bien? Su piel ha mutado de verde cactusiano a lila. Ni los pinchos han quedado a salvo. No es que sea torpe, o precipitada. La culpa la tiene el Duende Navideño. ¿Qué tendrá reservado para Reyes?
Por favor, que acaben las fiestas ¡ya!
Propósitos para el nuevo año:
1) Sobrevivir
2) Matar al duende y a cualquiera que le ayude

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3 comentarios sobre “Unas Navidades accidentadas

  1. Pobre! recuperate pronto 🙂
    Menos mal que no soy la única que pasa por urgencias en una fechas tan señaladas!
    A mi me tocó la tarde de 24 de diciembre. Pensé que me quedaba sin cena!
    Todavía tengo la pulserita de marras colgada en el corcho
    Una aventura más! Un beso,
    Eva.

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