La venganza de la Navidad

Amanece el 24 de diciembre. Un sol radiante ilumina todo. Ni una nube a la vista. El cielo azul hace que la estampa navideña sea cuasi desconocida de no ser por el gélido aire. Parece que el sol ha olvidado que a parte de dar luz, debe dar calor.
Anoche olvidaste cerrar la persiana, no esperabas tanta luz, por lo que a eso de las 6:30 de la mañana comienzas a luchas por esconder tu rostro bajo la almohada. Su peso te agobia. Pruebas a meter la cabeza bajo el nórdico y encerrarte cual tienda de campaña. Parece que funciona, pero pronto comienzas a sentir cómo el oxígeno se agota, respirara se hace cada vez más difícil. ¡Así no puedes dormir! Das vueltas, muchas vueltas.
Por fin dejas de pegarte con la cama para darte cuenta que un dolor de cabeza tremendo te ataca. ¿Tal vez sea la premonición por aguantar a la familia esta noche?
Todo hubiese quedado en un dolor agudo e irritante si acto seguido no hubieses pasado la lengua por tus labios. Unos labios secos tras una noche de respiración profunda por la boca. Sí, la nariz tampoco funciona como debería e impide respirar. Acaricias tus labios, suave, como si estuviesen ricos, no en con afán sexual, sino “humectante”. ¡Maldición! ¿Qué es ese bultito? ¡Oh, no no! ¡Eso no estaba ahí anoche!
Sales escopetado al baño, necesitas un espejo, aunque algo en tu fuero interno sabe lo que pasa. ¡Herpes! ¡Noooooo! El mundo se te cae encima. Sientes cómo la boca se hincha por segundos. Sabes que vas a acabar pareciendo Carmen de Mairena y esta noche toca cena y luego curras.
Rebuscas en todos y cada uno de tus cajones “botiquín”, que no es que tengas muchas cosas, sino que andan dispersas. Nada, no hay rastro del Fenivir. Tienes que levantarte, vestirte y bajar a la farmacia. 😞
Vuelves a la cama, abatido. Enfermo en Navidad. Por si con la festividad no era suficiente, ahora encima malo. Y con la boca mal no vas a poder disfrutar del único beneficio real de esta noche. Y no hablamos de los regalos, que los hay más de Reyes que esta noche no tienen ni carbón, sino de la cena.
Tienes que bajar urgentemente a la farmacia para evitar un desenlace fatal tipo ácido hialurónico pero a lo bestia en esos morritos. Es aquí cuando por fin una buena noticia surca tu mente. ¡Vives con tus padres! ¡Oh, gracias crisis! ¡Ya tienes a quien mandar a por medicinas para poder degustar manjares esta noche! Y tu, a la batcueva a dormir un rato.

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