Esa línea curva de la cara

gominolasHoy es uno de esos días en los que amaneces con una tímida sonrisa. Parece que la melancolía queda atrás. Puede que la llamada de anoche tenga algo que ver. Unos minutos de distendido y placentero diálogo con el amigo Limoncillo del muy más al Sur que consiguieron sacarte una sonrisa, y alguna pequeña y divertida carcajada.

Tal vez sea por haber dormido junto a tu peludo y ronroneante amigo gatuno, que responde a cada una de tus caricias con más mimos, y algún que otro mordisco. O ver que el sol asoma, o quiere asomar, tras las nubes negras y densas que llevan días descargando lágrimas. O la canción de ritmos animados y letra curiosa que sonaba en la radio mientras te vestías, Stay with me de Sam Smith. Puede que sea alguno de estos motivos, o puede que no. Tal vez esa linea curva que se dibuja en tu cara sea simplemente acto de la casualidad, simplemente ya tocaba.

“Sonríes sin saber por qué, y te gusta”

El caso es que te acercas al espejo, extrañada, te ves bien. Mejor de lo que hace tiempo te veías. Te apetece lucirte un poco. Sacas del armario una falda larga y ceñida que hace años que no usas, no por que sea fea, sino porque nunca te sientes tan segura de ti misma para llevarla. Pero hoy sí. Algo ha cambiado, hay algo nuevo en tu cara. ¡Es una sonrisa! Por fin le ves sentido a lavarte tanto los dientes ¡Hoy vas a enseñarlos!

Bajas en el ascensor y te cruzas con una vecina, una de esas con las que sólo hablas del tiempo, pero hoy no. Te mira de arriba abajo y te dice: “¡Pero qué guapa estás! ¿Dónde te has comprado ese look? No, enserio, que yo quiero uno”. Qué bien, por si la sonrisa era poco, ya estás feliz para todo el día. Sí, la señora es muy agradable y te ha dicho que de normal estás fea, pero mejor obvia esa parte.

Realmente con cosas tan simples y sencillas somos tan felices, que parece irreal, que con lo difícil que es hacer daño haya personas que pierden su valioso tiempo en dañar a otros. Llamemos más, escribamos menos. Llamando se comunica más, y en menos tiempo. Y si tu día no ha sido dulce, aun estás a tiempo de hacer un par de llamaditas que consigan sacarte una sonrisa, o en su defecto, bajar a la tienda a por chuches.

No hay mal que dure cien mil años, y sí, siempre acaba saliendo el sol. De echo el sol sale exactamente una vez al día. Lo veas o no está ahí. Delante o detrás de las nubes, pero está. Los cactus son seres que adoran el sol, solitarios seres vivientes que como nuestra pequeña protagonista (piel de cactus) adoran el calor de los rayos del astro rey, y parecen lucir más bellos bajo su resplandor.

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