Con el cable cruzado

Y llega la noche. Acaba un largo día en el que Piel de Cactus apenas tuvo tiempo para pensar en sí. Desde primera hora las tareas cotidianas hicieron de la naranjita un pequeño autómata.

Hoy fue uno de esos días en los que Piel de Cactus agradece haber estado ocupada.

Trabajos, teléfono. El jefe exigiendo un diseño que no ha acabado. Teléfono de nuevo, cosas de clase que hay pendientes. E-mail, el dichoso TFG (trabajo fin de grado), ¡Avisan de un cambio de tutor! ¡Horror! El pánico cunde. El nuevo profesor asignado desconoce las pautas a seguir, se encuentra en otra comunidad autónoma y se hace llamar “Suspe”. La chaqueta de cactuswoman se vuelve amarillenta. “¿Suspe? ¿Ya me avisa que voy a suspender de primeras?”, piensa la pobre mientras sigue palideciendo. Relax pequeña, el e-mail continua en tono cordial y amable. Finalmente puede que el cambio haya sido ventajoso.

Sigue la jornada. Más mails abarrotan la bandeja de entrada. El teléfono sigue sonando. Si no es una llamada, es un mensaje de whatsapp. “¿Qué pasa, que la gente no trabaja los miércoles?”, se lamenta la pobre que no puede más y comienza a notar el peso de las horas en la rigidez de sus pinchos.

Encargos, cambios de última hora, marrones, marrones y más marrones. Bueno, y entre marrón y marrón algún nuevo trabajo, para no aburrirnos.
A estas alturas la cuestión es, ¿de que trabaja Piel de Cactus para tener tantas llamadas y encargos?. La respuesta es sencilla, está haciéndose un hueco entre los más ricos del cementerio. Y no porque gane mucho, que tal y como están las cosas llega para pipas y poco más. Sino porque lo poco que ahorre, no le va a dar tiempo a gastárselo.

Para cuando se da cuenta se ha pasado la hora de comer. Habrá que lidiar con el gato, porque hoy toca pescado y el bichejo seguro que se lo lleva antes que ella a la boca.

Parece que Piel de Cactus ya ha recobrado su espléndido verde tras comer y una tarde más bien ocupada cuando decide abrir el Facebook.

Oh, el facebook. Esa gran red social que te informa de todo, pero sobre todo de mentiras. Ese nicho irreal de felicidad y depresión que hace las veces de diario que contesta, o no, depende quien lo lea.

Y es aquí cuando la mente de gominola derretida de Piel de Cactus, Corazón de Naranja nota cómo su pulpa se estremece hasta casi hacerse zumo. La mente vuelve a estar ociosa y disfruta de la vida cibernetico/real de sus “amigos”. Ve lo que hizo Patatita (su flamante hermana pequeña), Perita, el Sr. Plátano, Uvilla, la Kaki, Manzanita… Y las gominolas explotan en el corazón que hasta ahora se había visto ocupado por los qué haceres del maldito cerebro ponchudo.

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