Lluvia en el país de la gominola

cactus_llueveSuena el despertador. Son las 8 de la mañana de un lunes lluvioso. El frío otoñal entra por la ventana y te impide salir del cálido refugio de la colcha nórdica.

El hipnótico replicar de las gotas de agua no ayuda a abrir los ojos. Te encuentras en un mundo extraño, en entresueños. Un mundo lleno de cosas en el que parece que estás despierto, pero al mismo tiempo sientes que debes despertar.

Esperas la segunda alarma del dichoso despertador que parece no llegar. Sabes que has de abrir los ojos, pero pesan. Pesan mucho. Es como si un enano te hubiese pegado los párpados con celo para vengarse de alguna judiada que hiciste el día anterior.

Parece que hace tanto frío en el exterior que los pinchos de nuestra pequeña cactuswoman atraviesan el colchón clavándose en el duro somier de madera tras una noche larga de insomnio y locura.

La noche fue inquieta. Sueños vívidos en los que viajó al país de las gominolas y conversó con la manzana. Uno de esos sueños de los que no quieres despertar ya que son más cálidos y entretenidos que la realidad.

Una llamada finalmente despierta a la naranja. El teléfono vibra reclamando dejar el mundo dulce del sueño y comenzar con la cruda realidad.

Un nuevo día, una nueva semana en la que enfrentarse al frío del recuerdo y al calor del peso de las obligaciones cotidianas.

Una vez calzada la chaqueta de pinchos, la naranja está lista para salir a comerse el mundo, o en su defecto un paquete de gominolas.

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