El día que la naranja perdió a la manzana

manzanitaEres feliz. La vida te sonríe. Vives en un mundo de gominola. Por fin has encontrado al hombre de tu vida. Ese maravilloso galán, tu media manzana. Cariñoso, majo, divertido y soso al mismo tiempo. Ese cuyos defectos te desquician pero adoras y echarías en falta si dejasen de ser tales.

Campas feliz cual perdiz en primavera cuando tu instinto de mujer, que en mi caso bautizaremos como: “poder cactus”, hace saltar la voz de alarma. Algo no va bien. Aparentemente todo está igual. Tú sigues siendo igual de cariñosa, melosa y quejica, y él sigue siendo el mismo paciente, calmado y aparentemente impasible hombre del que te enamoraste. ¿Entonces qué va mal?, ¿Por qué empiezan a brotar los pinchos del cactus poder?

Es ahí cuando haces la pregunta. Sí, esa pregunta que sabes que no tenías que hacer. Porque todas sabemos que muchas veces la respuesta no nos va a gustar, y sabemos que esta ocasión es una de ellas. Pero aun así, se pregunta.
– (naranjita): Nene, ¿Te pasa algo?
–  (manzanita): No sé (primera voz de alarma disparada. Un “no sé” siempre es un SÍ mayúsculo).
Una pausa de esas incómodas en las que parece que no se mueve ni el aire y…
–  (manzanita): La verdad es que no me siento como antes.

¡Booom! Ha caído la bomba. El corazón se para por un segundo. Sientes cómo tu rostro va perdiendo color hasta volverse de un blanco folio tirando a transparente. Notas cómo las gominas de tu cabeza van explotando convirtiéndose en un cosquilleo parecido al que se siente justo antes de desmayarte. La traquea se te estruja cual trapo de cocina mojado que hay que secar. Empieza a doler tanto la garganta que el corazón es consciente de que se había parado y comienza a latir desbocado, como si quisiese recuperar los latidos perdidos durante el ataque nuclear anti-gominola.

Es el principio del fin. Dejas de pensar en vestidos de princesa. En tu media manzanita viniendo a tu encuentro en un corcel blanco. Lo sabes. Ni las grapas más potentes van a poder soldarle a tu mitad. Por algún motivo la media naranjita y la media manzanita ya no hacen una fruta entera.

Te ves con 30 años. En lo mejor de tu vida. Cuando por fin eres consciente de lo que quieres y de cómo lo quieres. Cuando parecía que al fin estaba todo bien encaminado y baboooom! vuelves a calzarte el chaleco de cactus. El país de gominola es ahora una ciudad en ruinas pegajosas de azúcar derretida.

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5 comentarios sobre “El día que la naranja perdió a la manzana

  1. Me encanta…la descripción es impecable incluso me has hecho sentir lo que me cuentas. No obstante mi querida Naranjita, mas vale antes que tarde. El chaleco de cactus antes que años perdidos. un besazo preciosa…te seguiré fielmente.

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